Paseando los Madriles, disfrutando de una magnífica tarde en la ciudad, nos topamos con la enigmática fachada de este chiscón que ocupa lo que una vez fue el encantador (y ahora desaparecido) Petit Saigón en los bajos del Meliá Castilla. Tras echar un ojo vía internet a las referencias (escasas) del sitio y verificar que a través de un club gastronómico se puede reservar con un 30% de descuento, echamos el resto y nos animamos a conocer este Distrito 798... comento la jugada:
Ambiente y entorno: local espacioso, con ambientes diáfanos y una decoración meramente testimonial, cruda y tendente al minimalismo tan en boga. Local de buen tamaño, con la barra de sushi ubicada en la entrada, y dividido en estancias más o menos intimistas; el comedor principal resulta espacioso, con una correcta separación entre mesas y una perfecta iluminación. El tema del ruido quizás pelín excesivo. Público joven y de mediana edad, del ámbito de los negocios -acorde con la zona- y de corte fashionista.
Mesas correctamente vestidas (manteles y servilletas de impoluto hilo blanco) y coperío y vasos de nivel (Riedel en ambos casos).
Comida:
La carta tiene inspiración japo-chifera (si esto existe) y presenta una acertada fusión de las 3 cocinas: japonesa, china y peruana. Buen número de opciones con cantidad de sugerencias francamente apetecibles. Bea y yo nos decidimos por lo siguiente:
Nigiris:
- Toro: 2 piezas de una excelente ventresca de atún perfecta de sabor, infiltración y temperatura, aunque con un corte ligeramente basto -le sobraba apenas medio milímetro de grosor-. No obstante, a mí como si me dan chuletones de este pez, que me los aprieto sin pestañear. De hecho, repetimos. El arroz un pelín emplastado aunque rico en aderezo y temperatura. Un 8,5.
- Gunkan de anchoa, pico de gallo y aguacate: composición de arroz y una excelente anchoa que se corona con un pico de gallo en microbrunoise y una picada de aguacate. En boca magnífico, destacando en primer plano el frescor del cilantro, y perdurando en el paladar (y el recuerdo) la deliciosa salinidad de la anchoa. Enorme. Un 9,0.
- Anguila con pilpil de foiegras y miso blanco: dulce y contundente, el paladar se deleita con el deje del foiegras y la suculenta combinación con la fuerza grasa del pescado. Caballo ganador. Un 9,5.
- Salmón con tomate confitado y alioli de ajo negro: una fina tira de salmón pasado por el soplete coronado por una pizca de suave alioli -más bien parecía mostaza- y una rodajita de tomate cherry. Rico pero sin mucha más historia, el más flojo sin duda. Un 6,5.
- Pez mantequilla con sabores de anticucho peruano: corte de este delicado pez aderezado con una crema de rocoto y pimentón de la vera. Quizás los condimentos se comían en demasía los suaves matices sápidos del pescado, pero en cualquier caso estaba muy rico. Un 7,5.
Gyozas de gambas al ajillo: cuatro gyozas presentadas sobre una hoja de plátano con un aderezo de mostaza dulce; la farsa del relleno increíble, con una cocción de la gamba al dente y una condimentación herbácea que aun estoy intentando dilucidar... además la pasta de la gyoza, monumental: firme aunque mantecosa y bien fundente en boca. Combinación impactante que funciona. Un 8,5.
Tataki de corvina macerada en soja: 10 buenos cortes de este pescado servidos crudos sobre una aliño de soja rebajada guarnicionados por abundantes brotes y germinados. Un plato correcto en el que quizás se echa en falta un mayor riesgo en los componentes para así poder aportar un poquito de alegría al global de la composición... bien sin más. Un 6.
No hubo postre, solo un café con leche y un licorcito de hierbas, que tampoco era plan de eternizarse un Miércoles!
Dado que no hay servicio de pan ni aperitivo (y que no se cobra nada en concepto de cubierto o similares), el total pagado por lo descrito más 2 copitas de Verdejo y 2 botellas de agua fueron 58 euros (con un descuento del 30% en la cuenta final). Huelga decir que salimos encantados y que repetiremos.
- Lo mejor: anoche todas las parcelas de valoración funcionaron a muy buen nivel, pero destacaría especialmente la comida (sobre todo con esa RCP) y el servicio (riguroso, atento y sobriamente cercano).
- Lo peor: nada reseñable en este frente salvo quizás la omisión del momento aperitivo... siempre me gusta que nos sorprendan con un detallito para abrir boca, aunque lo cobren.
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