Acudimos con muchas ganas de conocer en el nuevo restaurante de Chicote en Madrid. Viernes a mediodía y el sitio estaba hasta la bandera.
La experiencia estuvo marcado sin duda por el desastroso servicio. En general amable, pero muy mal organizado. Esperas insoportables entre plato y plato. Vinieron cinco veces (no es una exageración) a preguntarnos qué nos faltaba y ni por esas eran capaces de traernos lo que habíamos pedido (varias veces se equivocaron de platos).
Este desastre marcó la comida y probablemte mi percepción global del resto de puntos. Tratando de ser objetivo, el local es agradable, luminoso y tiene muy buena acústica aunque el concepto de mesas juntas no me termina de encantar.
En cuanto a la comida, estamos ante un concepto muy novedoso. No es un restaurante de primero, segundo y postre, sino más bien de raciones/tapas "empaladas". De hecho, creo que deberían ayudar más al comensal con los acompañamientos de cada plato. Un menú degustación creo que también les ayudaría a centrar el tiro.
En cuanto a la comida, muy irregular. Atun, bacalao y sardina buenos. El resto (albondigas, pollo, cordero, boquerones) nos dejaron un poco fríos.
Si el servicio hubiera sido bueno, la relación calidad/precio no sería del todo mala sabiendo que un sitio más de tapas que restaurante, pero pagar un solo euro por el servicio que tuvimos es muy caro.
Puntúo en el servicio del vino (que no pedimos), el nefasto servicio.
No pienso repetir.
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