Invitación con un menú supongo que acordado de antemano.
Como entrantes individuales empanada (rico sabor pero la pasta algo blanda y gomosa), pulpo a la gallega, crujiente de viera y crema de boletus (ya descritos ampliamente por otros foreros).
Y como entrantes al centro ostra y almeja fresca (ambas de buen sabor y buen tamaño), percebes (sobresalientes, cortos y anchos con un sabor fuera de los común) y "espardenyas" a la plancha (matricula de honor, el mejor entrante; sabor intenso, carne prieta)
De segundo yo escogí una merluza a la gallega, bien cocida de aroma y textura perfecta con unas patatas "al dente" que acompañaban de maravilla.
De postre un sorbete pues no cabía en mi (de placer por lo comido y físicamente por la cantidad). Cafés y copas al gusto de cada cual.
Para beber champan Tattinger y un tinto que no conocíamos Viña Gain con su punto justo de aroma y fuerza para agradar a todos los comensales (bando de riojistas clásicos incluidos).
Cabe resaltar que estábamos en el comedor privado por ser un grupo grande y que esto hizo que el servicio de bebida sufriese en algún momento. Tampoco se cambiaron los cubiertos como en otras ocasiones. Quizás una sola pesona no es suficiente para una mesa grande. También a mejorar el pan que creo no está a la altura del resto de lo servido. Sin embargo insistir en la calidad de los guisos tomados y sobresaliente en el marisco (¡¡madre mía que percebes!!).
Aunque fui invitado no pude resistir la curiosidad y pregunté el precio (que adjunto) del ágape en el que deberían pensar en renovar los platos individuales del menú. La empanada, el pulpo o el crujiente llevan mucho tiempo en carta, casi desde que este restaurante empezó con su nueva política de precios.