Local situado entre las bonitas plazas de Chamberí y Olavide, discreto por fuera y agradable por dentro, de decoración moderna y desenfadada. Mesas austeras en presentación y algo juntas, pero se está a gusto en ellas. Hay que reservar con antelación y más en fin de semana. Sábado vacacional en Madrid pero el comedor está lleno, sin duda es un restaurante de moda.
Pero ojo, es un restaurante de moda de forma más que merecida y se encuentran estos días celebrando su primer aniversario con mucho éxito, basado en una cocina moderna y bien ejecutada, que se inspira en recetas de fusión con toques orientales y mediterráneos, una fórmula que funciona siempre y cuando se ejecute con la excelencia que se hace en esta casa. Durante dicha celebración estaban ofreciendo un menú especial de aniversario muy atractivo por 40€ pero decidimos comer a la carta con varias raciones para compartir. Comenzamos con un aperitivo de unos mejillones en escabeche muy ricos y presentados distintos a los habituales, con mayor presencia de diferentes verduras y un pan de especias “togarashi” algo picante. Continuamos con:
Niguiri de anchoa de Santoña con aguacate y pico de gallo (8€): impecable presentación y ejecución la de este niguiri, un pequeño y delicioso bocado para comenzar con múltiples sabores.
Anguila ahumada con ricotta, tomates secos, brotes tiernos y quinoa crispy (1/2 5€): uno de los platos estrella de la casa y se nota, fantástica combinación de sabores, con mucha frescura y notable definición.
Usuzukuri de chicharro con salsa ponzu (12€): el chicharro es uno de nuestros pescados preferidos y con este corte está soberbio, aderezado con esa delicada salsa ponzu. Gran plato.
Steak tartar con pan de carasau (1/2 9€): muy bueno, corte de calidad y fino, fresco, nada apelmazado y con un toque sutil de picante, como nos gusta. Un gran tartar.
”Risoteo” de setas con jamón (1/2 6€): un falso risotto elaborado con pasta puntalete, como ya probamos hace unos días en El Conjuro. Las setas son perrechicos y está francamente cremoso y agradable, para este tipo de preparaciones el puntalete nos gusta más que el arroz.
Albóndigas guisadas de rabo de toro con puré especiado de patata (12€): otro de los platos santo y seña del local, carne ligera y sabrosa, con un punto meloso y de gran delicadeza, muy buenas.
Crema de yuzu, mandarina y mango con shots de fresa y limón (5€): postre de contrastes, refrescante y sabroso con la fusión entre la mandarina y el yuzu, aderezado con uvas.
Nuestra versión del “Drácula“ (5€): un clásico de los helados en versión propia del local, igualmente bueno y goloso, muy bien los dos postres.
En general y como vemos, se trata de una cocina que sorprende por su variedad y múltiples influencias pero que está perfectamente ejecutada, con sabores frescos y definidos, todo muy en armonía, además los postres nos parecieron a la altura. Una sorpresa más que positiva en todos los sentidos.
Carta de vinos correcta, algo corta en número de referencias pero bien escogidas, quizá es el dimensionamiento lo que menos nos gusta, ya que un 60% son tintos y apenas hay tres referencias de Jerez y unas cinco de Champagne, vinos que en nuestra opinión son los que mejor funcionan con este tipo de cocina. Hay vinos de distintas DO’s nacionales y alguna presencia extranjera, a precios bastante buenos. Pero lo que no terminamos de entender es, ¿por qué en locales donde se apuesta por una cocina arriesgada y diferente no se hace lo mismo con el vino? Es algo que todavía no comprendemos y una verdadera pena. A ver si alguien va abriendo el camino...
Comenzamos con un par de copas de Fino Blanca Reyes (3€), un fino de una pequeña bodega jerezana que nos gusta mucho, para seguir con una botella de Guímaro Godello 2013 (17€), un vino que siempre responde con el nivel habitual de esta bodega, terminando con dos copas de Tocat del Ala 2013 (3,75€), un correcto vino de la DO Empordá basado en garnacha, cariñena y syrah. Copas adecuadas, aunque sencillas. Servicio de más destacable, la camarera que nos atendió muy agradable explicando todos los platos y recomendándonos muy bien para hacernos el menú, además tenía una cierta idea sobre vinos. A destacar en este aspecto.
Así pues, una experiencia más que destacable en Bacira, uno de los restaurantes más loados por la crítica y público de Madrid del último año y con razón, pues ofrecen una cocina moderna y desenfadada pero de impecable ejecución y buen producto, a precios bastante ajustados y con la posibilidad de pedir medias raciones, aunque para rizar el rizo nos gustaría que ampliasen la carta de vinos sobre todo en Jerez, Champagne y Riesling, vinos que resultan ideales con estas recetas. Volveremos seguro, merece mucho la pena.
Risoteo” de setas con jamón
Usuzukuri de chicharro
Niguiri de anchoa de Santoña
Y además parece que va mejorando (por las notas) el trato del vino. Interesante.
Saludos
Sí, el trato del vino (servicio, copas, temperatura) está bastante bien, quizá falta algo de surtido de copas pero bien. Por otra parte la chica que nos atendió conocía bien los vinos de la carta y eso siempre es positivo. Donde sí deberían profundizar es en la estructura de la carta y meter más vinos de los que comento, sobre todo Jerez y Champagne y tampoco estaría mal consolidar la oferta por copas, algo pobre en este momento. Pero bueno, yo creo que irán a más con el tiempo…
Saludos,
Eugenio.
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