Nuevo restaurante en los bajos del mercado de colón con gran personalidad que contrasta con el desangelado(decorativamente hablando), pero fantástico, japonés de al lado.
Espacio muy amplio y luminoso donde domina el blanco y colores muy suaves, con entrada acristalada y la cocina al fondo a la vista de los comensales.
Mesas redondas para 4, cuadradas para dos con banco corrido, grandes ovaladas y un espacio en un rincón con función de semi-reservado. Todo ocupado y lleno de gente beautiful en viernes noche(salvo nosotros 3 que éramos la working class por contraste).
Debo reconocer mi ignorancia ante este tipo de cocina (más allá de la china y japonesa) por lo que mi opinión es más subjetiva si cabe y se ciñe a si me gustó o no.
La carta no es muy amplia, pero tiene un poco de todo: ensaladas, 4 tipos de sopa, 2 platos de carne y dos de pescado y un apartado para picar. Nosotros pedimos un poco de todo para probar.
El servicio muy amable y diligente, aunque o no sabían explicarnos con concreción el plato y sus ingredientes o tenían que ir a preguntar; sin más importancia que el rodaje que les falta, pues abrieron el miércoles.
Nos sacan 3 aperitivos cortesía de la casa y dejan en el mesa una cestita de pan artesanal ecológico de pasas que estaba muy bueno, unas Samosas de verduras con chutney de melocotón:bien.
Chips de polenta con humus y baba ganoush(crema de berenjena): los chips estupendos y crujientes, pero el humus algo seco y pastoso y el paté de berenjena soso; también es verdad que te dejan en la mesa un molinillo de sal rosa del himalaya y una latita de aceite de lágrima de viver con lo que mejoramos el entuerto.
Satay de pollo de corral: son brochetas con trocitos de pollo a la plancha sin mucho sabor y donde dominaba una salsa riquísima de cacahuete.
Gyozas con magro de cerdo:las empanadillas japonesas al vapor, pero que al ser 6 unidades las pasan un poco por la plancha y llegan unidas como si fuera una tortilla; vienen acompañadas con salsa de soja demasiado salada para mi gusto, bien de sabor y tiernas, sin más.
Khao sai, sopa de pollo con tallarines y huevo pochado: lleva también leche de coco y caña de limón; por la mezcla de especias y sabores un plato muy conseguido, creo que el que más me gustó.
Curry de pescado malabar: un curry muy suave y una merluza(dos trozos) de verdad (yo le hubiera quitado la piel), acompañado de cuartos de alcachofa cocida o al vapor y fría(?¡) que creo no le aportaba nada; rico, para mojar.
Polenta con setas y alcachofas: la polenta viene en un bloque cuadrado (más bien mazacote, demasiado denso y sin sabor), las alcachofas, igual que las de antes, pero calientes, y las setas de temporada en trocitos adornando el plato; nada de lo que había en el plato pegaba con lo otro para mi gusto.
La carta de vinos no muy amplia (una docena de blancos y champagnes y otro tanto de tintos), pero muy bien de precio y con marcas poco conocidas. En los blancos hay vinos franceses y alemanes.
Nosotros decidimos acompañar la comida con vino blanco que sirven en mesa y dan a probar, además de cambio de copas con el cambio de vino; el vino lo dejan en cubiteras grandes pues aún no tienen individuales.
Un Silencis, xarel.lo del penedés creo, que no nos convenció mucho, demasiado suave y poco sabor para esa comida(18€) y después un Marieta, godello bastante mejor(15€).
Algún concursante de topchef que hace cocina asiática en singapur con sesión de fotos, y el cocinero departiendo y tomando champán tras acabar el trabajo con alguna mesa amiga. Ni postres ni cafés.
En definitiva un lugar muy interesante para degustar ese tipo de cocina a precios muy competitivos, y más teniendo en cuenta la zona en que se ubica.
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