Uno de los dos Racó del señoret (el otro en la avenida de Francia) bien céntrico y para comida de salvar el momento sin complicaciones a base de un menú (13.70€) sencillo.
Dos para comer:
. cerveza sin alcohol
. agua de litro
. 2 fantas de limón: para hacer las claritas
Comida:
. ensalada: tomate, huevo rallado
. alcachofas fritas: buenas y bien hechas.
. 2 raciones de arroz del señoret, algo meloso, bien de sabor. Cumple.
. tartas a elegir: una de yoghurt y otra de baylis: sin destacar
. bien el panecillo incluido en el precio
Una oferta de las muchas que hay en el centro para salvar el compromiso de comer en menos de una hora
Existe otro restaurante con el mismo nombre en la ciudad. Ambos ocupan lo que era Tapelia. Cosa que, unido a su modelo y estructura de negocio, hace pensar en una franquicia. Al parecer sí que hubo una relación con la susodicha hasta que decidieron volar solitos (algo de eso hay). Aún cuentan con un tercero pero bajo otro nombre ya.
Disponen de un par de menús semanales de lunes a domingo, y aunque alguna excepción habrá, doy por hecho que la clientela recurre a ellos por sus aceptables opciones.
El menú diario son 10.95, y el especial 16.50. IVA aparte y bebida también. Comparándolos, da más juego el primero.
El visitarlo un segundo día me ha hecho ver dónde flojean, o dicho de otra manera, de qué platos cojean. Porque de mi primera visita saqué una mejor impresión.
Chipirones con habitas, espárragos verdes y setas. Verduras tiernas en buena combinación con el chipirón. Sencillo y bueno.
Arroz meloso de pato, morcilla y ajetes. Meloso de verdad, no caldoso como en tantos sitios. La carne del pato aseguraría que es del jamón, la morcilla desecha y los ajetes desaparecidos, ni rastro siquiera de alguna hebra verde. Muy bueno de todas formas tanto en sabor como cocción del grano.
Tarta de zanahoria. Sin serlo, a mi estos postres se me hacen secos. Pero entre las opciones, cantadas en este capítulo, fue la que me llamó.
Son tres los vinos que tienen por copas. Un verdejo, un tempranillo y un Rioja crianza.
Al primer plato lo acompaño un Cantosán 2013 y al arroz un Glorioso crianza 2010. Servidos en copas dignas.
Junto a dos cervezas de barril y un café final, la cuenta para dos subió unos 36 euros, redondeando.
El local está bien. Combinación de piedra y yeso basto en las paredes e iluminación cálida. Las mesas quedan algo juntas y están vestidas con mantel y camino.
El servicio es más que joven, casi de reciente "destete". Un equipo de señoritas atentas y rápidas que se deslizan, cortadas además por el mismo patrón físico. Está claro que el casting lo hizo una misma persona.
Lo veo más para visita ocasional; trabajo, gestiones en el centro...
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