Aunque parece que Pablo Chirivella y su pescado a la brasa formen parte del panorama gastronómico valenciano desde hace eones, Tavella cumple ahora 18 meses desde su apertura. 18 meses desde que este cocinero puso a Beniferri en el mapa y nos olvidamos de la antigua indicación: detrás del Casino.
En estos 18 meses hemos perdido la cuenta de las veces que lo hemos visitado, que hemos ido a su casa y casi nos han entrado ganas de descalzarnos y ponernos tan cómodos como nos invita a hacerlo el equipo de Tavella y ese entorno idílico de la huerta valenciana.
No suelo escribir dos reseñas de un mismo restaurante porque no creo que aporte nada nuevo, pero el nuevo menú Mediterráneo que han preparado en Tavella para la época estival bien merece la pena una entrada nueva.
29€ con cinco entrantes y postre que van cambiando en función del mercado. Así le dijimos adiós al otoño:
Aguachile de corvina, plato fresco para empezar y guiño a los periplos mexicanos del cocinero.
Sandía con tonyina de sorra, buen juego del ligero dulzor de la sandía, que aporta más textura y frescura que punto dulce, la tonyina salada contrastando y las piparras y els taperots (alcaparrones) dando acidez y jugosidad al plato. Sí, a más de uno le chirriará la lectura, pero si lo probáis es más que probable que queráis repetir.
Figatell de rabo de vaca vieja, dándole una vuelta de rosca al célebre plato de La Marina, resaltando el sabor de la carne, menos especiada que la original pero con una gran potencia de sabor.
Menestra de Verduras... Y aquí es cuando uno pone los puntos suspensivos porque no sabe cómo indicar que babea... Vuelve a pasarme, disculpas... ¿Cómo un plato de menestra, la peor pesadilla de muchos en la adolescencia, puede hacerte llegar al paroxismo del hedonismo gastronómico? Una cebolla y un espárrago blanco fresco pasado por la brasa, una alcachofa en tempura y un poco de cecina bien curada y ahumada. Huerta, producto y brasa, tal vez el plato que más me gustó, tal vez el plato que mejor define Tavella.
Pulpo a la brasa con puré de papa arrugá, perfecto el pulpo, obviamente acunado por esa brasa que nunca duerme, y la clásica combinación con la patata.
Tarta de manzana para finalizar como postre de este menú. Buena, no soy de dulces, pero mis acompañantes la aplaudieron.
Mención especial para el pan, un pan con una corteza crujiente y una miga prieta, esponjosa y consistente. Pan de masa madre con saborazo y olor a pan de verdad.
La carta de vinos de Tavella es muy interesante y variada, como ya hemos comentado en varias ocasiones. Para refrescar aún más tomamos AT Roca Rosé y Recaredo Brut de Brut. Para el postre fuimos a por el Jorge Ordoñez Nº 2 que nunca falla y con esa acidez es perfecto para casi todo. Buenas copas y servicio atento, amable y cercano, sin renunciar a la profesionalidad.
Un placer, como siempre, disfrutar de una noche de verano así. Volveremos y amenazamos con descalzarnos.
Nos pasamos con el vino y, para no desvirtuar la media, pongo el precio sin vino.