No reservan mesas, lo cual está bien para el restaurante pero no para el cliente. Un poco antes de las 10 PM nos dicen que tendremos mesa a eso de las 10:30. Cierto es que hay gente haciendo cola en la barra, en la puerta, a la entrada... Yo pienso que la comida será excepcional y mas viendo un local con una decoración pobre, mesas pequeñas y apretadas con mantelitos y servilletas de papel. Pedimos una botella de Carmelo Rodero para hacer tiempo y estaba caliente (los tintos no están en cava)....ahora sí que estoy seguro de que la comida será excepcional ya que no reservan y el vino se maltrata así que no cabe otra explicación a semejante marabunta de clientes. Rogamos que vayan enfriando un par de botellas de Pesquera. La carta de vinos corta pero con un poco de todo (esto no deja de ser un bar).
A las 10:55 nos sentamos a cenar después de esperar una hora. La opción es ¡¡montaditos!! de lomo con queso, anchoa, morcilla de arroz,...etc. Queda algo de marisco, almeja fresca (normalita a 19.-eur ½ docena) y gamba fresca (buen sabor tamaño medianejo 67.-eur docena)... ¡¡y más montaditos!! de huevos de codorniz, de foie... Terminamos con un muselina de bacalao (excelente) y un par de platos de carne (carrillada y sorpresa de ibérico). Por último pasteles de una famosa pastelería (chocolate, praline, nuez, etc.) realmente ricos aunque poco hace aquí la cocina salvo encargarlos y recogerlos. Los acompañamos de una botella de moscatel de Enrique Mendoza (invitación de la casa). Finalmente cafés.
Decir que todo lo comido estaba bien y el precio es razonable (si evitas el marisco) pero de ahí a hacer una hora de cola... lo siento, yo no volveré porque la comida, desde luego no era excepcional.