El viernes día 30 de noviembre tuvimos una cena en el Branka de Ondarreta, Donostia.
Mi decepción no tiene límite, eramos 63 comensales en una despedida de una compañera que se jubilaba, en primer lugar nuestro menú era de 45 euros por persona y constaba de:
Txangurro al horno
Hojaldre de puerros
2º a elegir entre: rape, solomillo o cordero al horno.
Para empezar nos quisieron cobrar antes de cenar, nos quejamos y no fue así, aunque nos obligaron a hacerlo antes de los cafés.
Nos sirvieron todo en poca cantidad, a un compañero que pidió cordero le sacaron todo hueso, pidió por favor que se lo cambiaran y le dijeron que no, quienes pidieron rape les sacaron la mitad, el solomillo era todo grasa... en fin.
Habíamos reservado con música hasta las 2,30 de la madrugada. Pues bien, a la 1 terminamos de cenar esta "suculenta cena" en la que la gente acabó con todo el pan y teníamos ganas de bailar pero la dueña nos quiso echar diciendo que era tarde y que ya no había música, que la parte de abajo estaba cerrada. ¿Y qué hacemos ahora 63 personas? De malas maneras conseguimos que nos dejaran poner un usb con nuestra música en un lector allí mismo en el restaurante, tuvimos que separar las mesas para tener un poco de espacio, la dueña o encargada o lo que fuera no apareció más, según parece se fue y nos dejó con las tres camareras.
Había oído que era algo malo, pero ha sido probarlo y no volvemos nadie de las 63 personas que fuimos, tal y como están las cosas no entiendo que haya negocios así, habrá que empezar a hacer las cosas bien, así que el boca a boca que podemos hacer 63 personas no va a ser nada bueno para el Branka. O se hacen las cosas bien o a dejar sitio a otros.