Me presento por primera vez en este restaurante y desde luego ha tenido mucho que ver la nueva ubicación. Reconozco, por otra parte, que me da pereza hablar del entorno, sala y demás, por estar arquitectónicamente marcado por la galería y por haberse comentado ya en la andadura del Gadhus. Se genera por estructura una clara diferencia entre restaurante, dentro, y cafetería, fuera.
En el interior llama la atención el carro con los quesos en el centro. Habrá otra ocasión para hacer uso de él.
Tomé el menú Sergi, compuesto de aperitivo de cortesía, un par de entrantes, principal y postre por 19 €. La bebida lógicamente a parte. En el caso del principal, reseñar que si eliges el arroz te lo hacen individual.
La cocina es identificable y reconocible. Platos bien elaborados en los que se aprecia una buena mano pero lejos de "autoría", al menos en lo que a dicho menú se refiere.
Aperitivo:
- Vichyssoise. Templada por arriba, fría por abajo. No fue suficiente el toque del micro. De sabor demasiado suave para mi gusto, prefiero más arriba el puerro.
Entrantes:
- Ensaladilla rusa con salpicón y salsa de wasabi. Trozos de ésta pequeños, poca presencia del salpicón y una salsa que me ha dado ideas para casa. Resultado cremoso y gustoso.
- Ravioli de rabo de toro con cremoso de patata. Un único ravioli de gran tamaño servido en un plato cuyo fondo coincidía en tamaño con el ravioli pero que dejaba ninguna posibilidad de maniobra por esto y por su profundidad. Imposible cortarlo de una manera propia y por el tamaño tampoco era cuestión de metérselo entero en la boca. Llevaba el jugo del propio rabo por encima, por lo que sabor tenía mucho. La pasta al dente.
Principal:
- Merluza de pincho. Es el plato con el que disfruté realmente. Un buen trozo de una merluza fresca sobre un puré de calabaza y unas verduras de corte pequeño. Producto sin más.
Postre:
- Piña a baja temperatura con helado de vainilla y tierra de almendras . A priori, cero dificultad. La piña dulce como debe ser, en este caso confitada, y aunque no me suelen gustar las ya manidas tierras en el postre, en este caso, al ser de almendra, si la mezclabas con el helado de vainilla, conseguías tu particular crocanti.
La bebida constó de un par de copas de vino blanco canario Vidonia que tenían abierto del día anterior, cosa que se notó, pues estaba algo parco. Repetí segunda copa al ver las otras dos posibilidades y considerarlas sin tapujos, impropias. Sencillamente no tienen vino por copas y esto resta en parte a un restaurante que pretende estar en una línea. Buena copa, te lo sirven delante, hubo voluntad...
Tomé finalmente un té verde con menta a granel.
Cada mesa dispone de una botella de aceite de Viver de la variedad Serrana llamado Lágrima. El servicio del mismo junto al pan lo cobran por dos euros, aunque en mi caso deberían haberme cobrado más porque le metí mano y codo.
Toma de contacto positiva que me pone en antecedentes y con expectativa de que vaya a más mi sensación en futuras visitas.
Estuve el dia 16 y me pareció demasiado a menú y poco a su personalidad anterior.
Ya subiré el comentario
Saludos
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