No es un restaurante al uso pero es muy interesante la posibilidad de un "todo incluido" que empieza por la visita a la bodega (muy interesante, y asombra lo manual que se mantiene), una cata en la terraza (si hace buen tiempo) viendo las viñas, y una comida en la sala de catas.
Referido a ésto último, aparte del jamon y lomo de la cata de vinos, y siendo una comida para 19, disfrutamos de unos entrantes abundantes, al centro de la mesa, con carpaccio de bacalao, carpaccio de ternera, ensalada de cogollos y ventresca, anchoas con queso y tomate, tortilla de patatas (con su parte de cebolla) como la de casa de toda la vida.
A continuación bandejas de embutido de Requena, morcilla muy buena, longaniza normal y chorizo ligero, con algo de panceta bien tostada (lo mejor). A continuación chuletas también a la brasa de sarmientos.
De postre fruta al centro: kiwi, fresas, melon, piña.. También un dulce una especia de coca de hojaldre con nocilla dentro, mejor de lo que aparenta.
Los vinos: probamos y en abundancia, todos menos el Vintage y el Quod. El servicio es en realidad la opción de probar tantos vinos diferentes lo que aumenta el interés.
Solo nos faltó hacer la siesta en las preciosas habitaciones del primer piso. Pero solo hay 5, y no cabíamos todos.
Un sitio muy interesante para una reunión de trabajo.
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