Quería yo ajo mataero… y me dijeron “¡Oño!, vamos al Cuerda, pìlla al desmano pero está muy bien”.
Y se cumplieron las dos presunciones: pilla a desmano (15 minutos a pie desde Altozano) y está muy bien.
Un negocio que data de 1973, como bien se preocupan de dejar constancia, si bien reformadito hace bien poco, con una imagen informal pero cuidada y muy actual. Se está a gustito en “el” Cuerda.
Carta de base manchega total renovada en las presentaciones de modo muy sugerente. Mucha ración, tapita… y para allá que fuimos, todo al centro:
• Churros de berenjena macerados en zurra, canela y miel de caña
• Pastel de puerros con crema de alcachofas
• Albóndigas de morcilla con kikos y chutney de pera
• Ajo pringue
• Oreja plancha para comer con los dedos
Muy bien, una experiencia gastronómica realmente satisfactoria en su conjunto.
Para comenzar te sacan detalle de la casa un molón aperitivillo consistente en cuatro aceitunas verdes gigantes bien dispuestas rellenas de vermú una, mostaza otra, alioli otra y tomate la última.
Continuamos con los churros de berenjena de corte muy cordobés, el fresco y natural pastel de puerros, las albóndigas de morcilla con rebozado de maíz y fondo de pera confitada y…
Ahora, ahora, ahora bien el gol: ajo pringue (sinónimo de ajo mataero), oye, pero cómo me gusta a mí esto, y lo sencillo que parece, no es más que hígado frito en manteca y luego mezclado concienzudamente con pan de pueblo y piñones. Pero qué delicia.
Y para acabar, sorpresón de los grandes con la oreja plancha para comer con los dedos. Diosssss qué delicia. Se trata de oreja cocida con ajo y puerro, posteriormente cortada en lonchas finísimas y acabada en plancha muy viva. El resultado es como unas plaquitas tipo tortilla de camarones gaditana, que tienen el sabor mantecoso de la oreja y finura y ese crunch bestial. Flipante que no sea más que oreja, hubiera apostado a que llevaba algo más, no sé, alguna harina de garbanzos, huevo…. Nada, es únicamente la oreja cristalizada en su gelatina. Ponían ahí coronando el plato un limón que me hizo dudar. Pero pensé que, oye, si estos que saben lo ponen por algo será. Y efectivamente le iba pintiparao.
Para beber, un par de copitas de un vino que me atrajo por el nombre, por la variedad y por la zona. Icon Bobal, Bobal Icon 2014, Bobalicón. Casas Ibáñez (Albacete) Echamos para atrás una botella con claro corcho, y la segunda lo llevaba pero en menor medida de inicio.
Servicio fenomenal, un jefe de sala con mucho oficio -presumo que es el dueño o hijo del dueño- con desparpajo y simpatía.
Soberbia RCP.
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