Fabuloso lugar este Llar de Viri. Buscando un lugar donde comer una buena fabada... mejor dicho excelente (partiendo de la base de que buenas fabadas debe haber muchas en Asturias), cerca de Pravia, nos recomendaron este lugar, regentado por Viri (la cual es miembro del club de guisanderas de Asturias). Restaurante galardonado con el premio a la mejor fabada del mundo en 2013 y con la fislosofía del slow food y el producto km.0 corriendo por sus venas.
Bonito enclave a orillas del Nalón. Restaurante rústico con cocina a la vista. Mesas bien vestidas y sillas confortables. Trato próximo, amable y agradable.
Tomamos para comer:
.-Pastel de morcilla con pixto: muy suave pastel, con la contundencia del sabor de la morcilla y un riquísimo pisto casero. Acompañado de unas tostadas de pan que estaban ansiosas por ser untadas con tan delicioso pastel.
.-Fabada: nos aconsejó Viri que pidiésemos ración y media para los dos. Estaba... ¿cómo decirlo...? Era... Esteeee... coño, estaba buenísima. Absolutamente fabulosa. La faba tierna, suave, sabrosa. El guiso con la grasa justa. Espectacular. Y eso que algo la escuchamos comentar con la mesa de al lado que no estaba muy contenta con las fabes porque igual eran muy nuevas o algo asi. Jo... pues si llegamos a pillar un día con las fabes a su gusto, nos quedamos allí rebañando el pote.
.-Pitu de caleya con arbeyos: pitu pitu... de los deverdad carne oscura la de este pollo que debía llevar caminados unos buenos kilómetros. Sabor a pollo... no ese sabor a nada de los ¿pollos? que encontramos habitualmente por ahí. Recuerdos a aquellos pollos en pepitoria que mi abuela nos preparaba y, aún a veces, nos pepara. Guisado lentamente, tierno, con carne que se deshace. Para besar a la guisandera, al pollo y al paisano que lo crió.
.-Arroz con leche: a mi gusto, casi perfecto. Un arroz con leche espeso sin ser duro. Muy cremoso en boca y con el dulzor justo. Ay si este arroz lo hubiera pillado mi abuelo... otra vez nos hubiésemos metido, él y yo, en la cocina a rebañarnos el perol donde lo estuviesen haciedo.
De beber una sidra natural que fue perfecta para aligerar, aún más, la fabada.
Lo malo, si tengo que decir algo, que no tuve tiempo para volver otro día y probar otras muchas cosas que apetecían de la carta.
Para mi se ha convertido en un imprescindible a visitar cuando vuelva. No puedo dejar sin probar el pote asturiano, el cachopo de setas (en el que creo sustiuyen la carne por setas que hacen las veces de aquella), los huevos de aldea...
El servicio del vino, aunque tomamos sidra, lo pongo como bueno por la impresión que me dio viendo las mesas de alrededor.
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