Local en forma de tubo que se amplia en la zona final, lo que nos permitió una mesa cuadrada para 12 personas bastante apretaditas por culpa de nuestra ampliación de última hora.
Lleno hasta los topes sobre todo de gente joven en parejas. Dispone de unas brasas que apetecen bastante.
El servicio en sala muy irregular, gente amable y colaboradora que suplía la dificultad para servir una mesa cuadrada sin accesos por dos lados, pero otros con bastante dejadez. Al pedir vino ya nos encontramos con problemas de copas ya que se pusieron en mesas copas diferentes (muy) para unos comensales, lo que se agravó al pedir un segundo vino y el consiguiente cambio de copas necesario (e insistido), llegando a tener hasta 5 copas de vino diferentes encima de la mesa.
Doce para cenar con opción de compartir viandas al centro. Un pan tostado correcto con unas pipetas de aceite (ha llegado el racionamiento) pero que no llegaban a una por persona.
Carta de comida con opciones limitadas: 25 platos en total. Postres aparte que son 8 y con cierto interés.
Carta de vinos suficiente, con presencia de vinos clásicos pero también algunos menos conocidos.
Para beber elegimos, aguas y cerveczas iniciales aparte, un Blandorto 2015 y la Guineu i Raim 2015.
Compartimos:
. ostra al natural (4.50€), para solo 6 comensales, creo.
. croqueta de conejo rustido y jamón ibérico (9€)
. patatas bravas con sobrasada y ajo (7.50€)
. niguiri de atun a la brasa, bulgur y salsa de ponzu: muy mal, con un arroz pegamento que presagiaba que se preparó por la mañana (12€).
. coca de mortadela trufada, parmesano y módena con rúcula (8€)
. bombón de cuaresma (10€): de brandada de bacalao con tierra de espinacas que sabe a té, con gelatina de PX. Original y recomendable.
. verduras a la brasa (12€) con salsa romescu y de torinambo
, tortilla soufflé de calçots (13€) con espuma de bacalao y crujiente de su piel. Lo mejor en creatividad y resultado.
Principal:
. raya a la llauna -brasa- (14€) ajustada ración
. rodaballo crujiente y ahumado (17€)
. presa de ternera a la brasa: para hacer en la mesa al gusto.
Tema de postres: merecen la pena, casi todos son trampantojos que alegraron un poc el final. Incluso se repitió de algunos.
. l´hamburguesa: chocolate blanco, crema de chocolate, fresa y mango (8€)
. El cactus: crema de chocolate blanco asado, flor de cactus, mousse de tequila (8€): muy estético aunque resultó demasiado cargado de dulce.
. El petit Suisse: crema de fresa, compota de "gerds" y galleta de almendra (8€). Perfecta estética y mejor de punto dulce.
. Las gambas heladas: sorbete de lión y vainilla (8€): emplatado con forma de camarones y servido en caja de madera imitando a las de pescado de la lonja.
La comida correcta salvo lo destacado en positivo y en negativo. El pretender servir primero el vino blanco sin enfriar obligó a sacar primero el tinto con gran retraso del servicio y varias reclamaciones. El tempo de platos tampoco fue correcto ni el cambio de cubiertos.
Todo ello nos hizo salir con sensación de no haber acertado en el lugar, o en el día.
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