Tras el paseo por los miradores de Cudillero tocaba reponer fuerzas a la hora del almuerzo. Lo hicimos cuatro comensales en la terraza de esta sidrería en la que se apiñan las mesas debido a la estrechez de la calle en la que se ubica.
Unos fritos de pixín para compartir como entrante dieron paso a una degustación de cinco cachopos (más pequeños de lo normal) para tres personas: vaqueiro (de chosco y queso de cabra), de lacón, de beicon y queso de cabra, de cecina y de jamón serrano. Destacables el de cecina y el de lacón. El cuarto comensal tomó un rico bonito en rollo.
Los postres pasaron sin pena ni gloria (arroz con leche y requesón con miel y nueces).
Para beber, tres botellas de sidra con aparato escanciador.
Servicio algo agobiado por el exceso de trabajo, pero aun así, eficiente y simpático.