Mucho mejor que antes y un buen nuevo lugar para el club social, un buen inicio de la nueva época...
Saludos
Tras más de 10 años en la plaza central de La Cañada se produce el traslado al Club Social de La Vallesa al quedarse sin renovar el contrato del anterior restaurador.
Se ha producido una completa renovación del mobiliario y del concepto de lo que era el Club Social, transformándose en un bar restaurante al uso, pero posiblemente con las mejores condiciones de local en toda la población (y contornada). Se han renovado los baños, el suelo del interior del local y se ha abierto una pequeña tienda para comprar faltas por parte de los vecinos de la urbanización. La barra de bar es muy pequeña porque no tiene misión de servicio sino que es una barra para dar salida a los camareros que atienden las mesas tanto del comedor interior como las mesas de las dos, muy amplias, terrazas: la de abajo, junto a la pista de tenis, para dar preferencia a las comidas, y la de arriba para dar preferencia a copas, aperitivos y tardeo que permiten vigilar que los niños no salgan del recinto pero mantengan la libertad de desfogarse en la pista de futbito, aros de baloncesto, frontón trasero y parque infantil. No hay otro local con estos complementos.
Vicente al frente del local y Teresa al frente de la cocina están intentando formar un equipo de trabajo lo que ha hecho que, en estos comienzos, el servicio haya sido muy irregular. Días muy malos como para no volver con reclamación incluida, y días con poca gente y algún camarero de nombre imposible de recordar tan joven como bien preparado y curtido en el servicio. que ha hecho fijar clientela. Tiempo al tiempo. Voluntad no falta. Han renovado (falta hacía) todo el mobiliario: mesas, sillas, sombrillas, copas, vajilla (muy destacable), cubiertos, etc. Todo ello con manteles y servilletas de papel-tela que cumplen suficientemente.
El funcionamiento del restaurante es en base a un menú con bastantes opciones de primeros y de segundos que en parte van variando algo a lo largo de los días (más opciones en festivos), así como el precio si es día laborable o festivo; si está lleno ha habido gran lentitud de salida de platos desde cocina convirtiéndose en el problema principal. En el menú se incluye una bebida y postre casero (mayoritariamente tartas) o café. Tienen una carta de vinos por encima de lo que demanda la clientela (muy de cervezas), con un vino de la casa, a día de hoy, un roble de Vegamar Dominio de Calles 2019 (compañía muy presente en su oferta) multivarietal bastante básico y frutal que se quedó algo corto para la contundencia de la comida y necesitó refuerzo de media botella más. Previamente unas cervezas, incluida una tostada de barril, con unos cacaos que hicieron fácil la espera de la comanda.
Otra opción es hacer un encargo previo con tiempo, como hicimos nosotros: arroz amb fesols i naps (arroz con alubias y nabo) para 10 pues los otros 6 comensales optaron por platos de menú con gran aceptación de la propuesta de arroz del senyoret (marisco pelado), entre otras múltiples opciones. Previamente y repartidos en mesas de 4 en la terraza bajo amplias sombrillas, decidimos compartir los entrantes, que en nuestra mesa fueron:
. calamares a la andaluza: buen emplatado, ración más que correcta, buen rebozado. Bien.
. patatas bravas: sería conveniente que las patatas tuvieran un tamaño algo más pequeño para que permitan comerlas sin tener que partirlas, porque al estar previamente hervidas (y luego fritas) el interior queda algo desparramado por el plato siendo menos apetecibles; por contra la textura es buena si la comes entera. Unas salsas (ketchup y alioli) que a veces se han quedado cortas por la generosidad de la ración de patatas. Recomendables.
, croquetas de queso: bien de 3 en 3 con lo que ya previamente pedimos poder comer una cada uno y se acepta ampliar a 4 unidades. Buen tamaño, sabor correcto (parecen caseras), buena fritura sin excesos de aceite, aunque poco punch del queso utilizado, que a los amantes del queso nos pareció mejorable. En otro momento probamos las de calamares en su tinta con mejor sabor aunque su textura me pareció demasiado pasta).
. ensaladilla rusa: me parece industrial, algo insípida (punto de sal muy bajo lo que empeora sensaciones), todo muy triturado, exceso de patata y sensación de textura demasiado pasta. Buena presentación y ración más ajustada. Me recordó la visita al antiguo local. No recomendable.
. arroz amb fesols i naps: un clásico arroz valenciano servido en puchero para mantener el calor, salió escaso de caldo aunque con buen punto de cocción del arroz. Llevaba blanquet a lonchas en mucha cantidad para compensar la poca morcilla (¡una para los cuatro!), bien de alubias y algo escasa la verdura en cuanto a cantidad y variedad. El sabor de fondo por todo ello quedó un poco corto. Los que pidieron arroz del senyoret también encontraron menos tropezones de lo previsto y un poco de exceso de tiempo de fuego que quemó (no socarraet) en parte del fondo; el sabor referido como bien.
. postres: una sorprendente y curiosa panna cotta de piña colada (demasiado semilíquida) y un flan de almendras, tarta de chocolate y tiramisú fueron los postres más solicitados. Todos ellos con aspecto casero, correctos de sabor sin más, en ración ajustada y presentación sin tonterías de horribles siropes. Ya lleva riesgo en las interpretaciones de algunos postres clásicos, lo que es de agradecer.
. no había cremaet (de momento) pero un carajillo de ron completaron la comida, aunque luego (y cuenta aparte) siguieron las copas, el dominó y la charla porque después de tanto confinamiento había que ponerse al día.
En el precio se incluyen los extras de las cervezas iniciales, una botella de vino de más (las otras como parte del menú así como las aguas, gaseosa y alguna cerveza más) y los cafés o similares. También un descuento del 15% por ser socios (en realidad dueños compartidos) del Club Social de la Vallesa.
Sin duda nuestro grupo que ha venido (y quiere seguir viniendo) aquí durante años todos los sábados noche y en el buen tiempo también viernes noche (y cuando éramos jóvenes también todas las noches de julio y agosto), hemos ganado en la restauración aunque (de momento) hemos perdido en familiaridad que daba la opción de cocinarnos para nosotros mismos o de traer suplementos (algún vino especial, tarta de cumpleaños, “souvenirs” de algún viaje, etc...). El Club es un punto de encuentro siempre abierto que unas veces somos 6 y otras, como hoy, 16, incluso hemos llegado a ser casi 50 hace unos años. El Club Social siempre será nuestra casa (nuestra derrama al año nos lo recuerda) y ahora tenemos una renovada opción para seguir los supervivientes, que no es poco.
panna cotta
arroz fesols i naps
vino
croqueta de queso
bravas
calamares
Mucho mejor que antes y un buen nuevo lugar para el club social, un buen inicio de la nueva época...
Saludos
La verdad es que antes teniamos dos opciones una en el centro del pueblo y otra en el club social.
Ahora una mejor y más cerca de casa.
Saludos
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