Hemos visitado este restaurante por primera vez después de haber oido comentarios favorables. Efectivamente nuestra opinión es positiva. El local es precioso y tiene una aire medieval con techo de madera a dos aguas. Como no nos gusta cocinar en la mesa donde comemos, no hemos pedido raclete ni piedra, aunque nos lo habían recomendado algunos amigos. Pedimos en cambio el chateaubriand y no nos decepcionó. La carta de vino no es extensa pero si suficiente: vinos canarios, de la mancha, riojas y ribera del duero. Sin duda, volveremos.
Local especializado en raclettes y carnes a la piedra, con una carta de vinos algo cortita, pero variada. Buenas copas y buen servicio.
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