Un buen restaurante, sin duda, que sobrevive y se adapta a los nuevos tiempos. Una cocina de producto, tratado con precisión y aires clásicos, pero con un punto desarrollista y evolutivo que supongo no espantará a sus clientes clásicos y agrada a los que buscamos nuevos retos. Menú, en esta ocasión dedicado a la trufa de Alava y menú acertado. Sorprendente y clásico marmolado de espárragos. Suculentos platos como la patata con tocino confitado o los jarretes de ternera. Excelente tratamiento de la trufa, preciso, presente , nada excesivo y magistralmente complementario con el resto del plato. A veces difícil este complemento, como en la crema de jijona o el pantagruélico crocante de trufa. Un gran restaurante con detalles básicos a pulir, para no desmerecer ni rebajar su grandeza. Por ejemplo y con todos los respetos, el jefe de sala, debería mostrar un trato más atento, evitar informaciones estereotipadas que caen en el error, y no tratar con brusquedad el vino, no arrojarlo, servirlo. Son pequeños detalles, que estoy seguro a un restaurante de este nivel, no le costaría nada pulir. El resto del servicio atento y eficaz. Por cierto el menú de trufa 55 + IVA, con media botella de vino incluida, un excelente Pruno y un mejorable Nuviana Chardonnay
El precio sigue estable. Lo que ha sufrido variaciones es el número de platos. Ahora andan por los 6-7 (postre incluido), pero creo recordar que en visitas de hace 2 o 3 años llegaban en algunos de los menús degustación a los 9-10. Lo que menos me va de este restaurante es su carta de vinos, muy flojita para su categoría.
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