Un descubrimiento este restaurante que llegó a mis oidos por el boca-boca de un amigo. Pienso que es uno de esos lugares a los que hay que ir antes de que les den una estrella y doblen precios. Su propuesta diría que es de cocina creativa. Transforman y trabajan los ingredientes para conseguir efectos y emociones. Su menú largo -el que pedimos en nuestro caso (mesa de 2) - tuvo unos 12 pases, con unos 5-6 pequeños aperitivos antes. Nos gustó casí todo, pero reconocemos que, al margen de nuestra opinión, todo estava perfectamente presentado y cocinado. Muy divertido el camarero que nos sirvió diferentes copas de vino. No conocíamos ninguno de los vinos ofrecidos, que eran de pequeñas bodegas poco famosas. El precio de los dos, con vinos (4 copas distinas de vino), y unas gotas de aguardiente al final, 170 €, aunque seguro que se puede comer mucho más barato con otro menú que ofrecen más corto o comiendo a la carta. A mejorar la acústica del local, en especial la puerta de entrada, que hace un estruendo cada vez que se cierra.
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