Parece que podría llegar lejos si mantiene el nivel actual . Lo tiene todo: cocina, servicio , espacio, elegancia y un chef de moda que seguro que sabe lo que quiere. Lo primero de todo impresiona el servicio. Un servicio joven , pendiente discretamente del cliente y no de ellos mismos y de sus protocolos. Iluminación aparte, no tiene natural y la interior podría mejorar, resulta un local algo artificial , pero amplio , claro , cómodo y relajante. El servicio , como decía es excepcional, aún siendo joven. Accedes al menú en tres instancias, incluida por supuesto la mesa. Atienden personas jóvenes que conocen muy bien su papel , que saben lo que deben hacer y que no pierden de vista al cliente. Me causó gratísima impresión observar como no se servía el menú en la mesa hasta haber elegido los vinos, lo que implica coordinación e ideas muy claras, aunque parezca algo obvio. Carta de vinos amplísima y carísima, no fácilmente accesible por este último motivo, una pena. Dicho esto , su servicio fue impecable , respetuoso, sin forzar, elegante y explicativo y con una cristalería capaz de satisfacer al más exigente. La cocina en su menú ( 150 euros) , roza la perfección técnica y la excelencia . Se cocina de todo y sin perder un sentido clásico , se procura evolucionar y adquirir cierta personalidad. Una buena parte de su coquinaria , se prepara en la sala, la ves , te entretienen y aprendes , el montaje final se realiza delante de tu vista y eso estimula y agudiza sentidos. La cocina de Atempo te hace pensar, se recuerda, empuja tu interés gastronómico por la alta cocina. Plenamente recomendable
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