En un entorno idílico , verde y lluvioso, se encuentra este restaurante con una cocina digna y bien hecha , sin grandes pretensiones pero consistente y con las ideas claras. Ambiente familiar , amable y simpático servicio. La carta de vinos apenas sale de Ramón Bilbao o Protos , no es lugar para ilusiones enológicas. La cocina es clásica y tradicional , elaborada con mimo y cuidado y con una excelente RCP, así de repleto se encontraba. Cocino montañés, excelentes croquetas de jamón y pollo, albóndigas de ternera y por lo que vi , buena vainas y pescados. Los postres quizás bajen un poco el nivel previo. En definitiva , por la zona, , sedientos de vistas idílicas, buscando una cocina tradicional bien hecha y sin gastar mucho, es una buena referencia
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