En una esquina de Ruzafa junto al mercado, sin mesas en el exterior y con unas 12-14 plazas máximo en el interior más un mostrador de servicio es lo que dispone este local, amen de unos buenos ventanales al exterior. Tiene un local complementario, o principal pues es algo más grande, a unos pocos metros en la zona llamado Antica Ostería y parece que abren uno u otro o ambos, en función de demanda, entre semana y lo mismo para el fin de semana.
Las mesas de tablas de madera de buen tamaño y sin mantel, sillas con cojines para mejorarla la comodidad, copas, vajilla y cubiertos básicos incluso para casa. No hay carta de vinos o te los dicen o los ves en el mostrador donde también están los fiambres y quesos. La carta de comidas viene a la mesa en una pizarra con los platos del día que parecen cambiar con bastante frecuencia manteniendo alguno más emblemático como la porchetta que vimos sacar del horno las piezas enteras.
La decoración es mínima y se fundamente en unos pequeños ventiladores (no va el aire acondicionado o eso dicen) y ventanas abiertas lo que en un día de viento de poniente como hoy se convierte en un claro handicap.
Para beber elegimos un par de copas de Mosole blanco, un sauvignon blanc que no creo que fuera de la última cosecha (lo que lo mejora) por el color y que fue servido fuera de la mesa, aunque a buena temperatura; también un vermut de 4 chavos rojo servido de la misma forma.
Para comer decidimos compartir:
. mixto de quesos y embutidos (22€): unos buenos (2 de cada) y pequeños triángulos de quesos de Piemonte y unas lonchas (2 de cada) casi transparentes de embutidos de la Toscana. Muy buenos fiambres: salami Rossa, mortadela de Prato y jamón Espaloto; los quesos caseros de vaca, cabra y vaca el azul final. Están acompañados de mermelada de melocotón.
. pasta fresca con salsa de carne y pesto (12.50€): la pasta bien preparada, buena ración y sin escatimar en la salsa que en realidad era carne de ternera y cerdo mezclada triturada y especiada con salsa de tomate y trufa negra, la cual ni la olí ni la degusté; traen el queso rallado aparte para servírtelo al gusto (parece que una crítica anterior hizo que no lo pusieran en cocina). Notable.
. porchetta (14€): 2 finas láminas de la carne de cerdo horneada a modo de redondo de ternera; acompañas unos buenos gajos de patatas horneadas y sal pimentadas. Sin duda recomendable, aunque escasa y más siendo compartida.
Los postres (6€ c/u) fueron individuales:
. tarta de chocolate y almendras: a modo de brownie con cantidad de almendras troceadas sin excesos de dulzor pero aporta poca sensación para los chocolateros.
. tiramisú casero: bueno, nada pesado, bien preparado. Merece la pena.
El servicio, también italiano, joven y efectivo en la sala y detrás del mostrador.
No hubo cafés ni sobremesa porque necesitábamos ya coger frigorías donde fuera. Parece que los cafés los sirven de la clásica cafetera italiana.
porchettas enteras
fiambre
pasta
porchetta
tarta
tiramisú
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