Me lo recomendó un cocinero almeriense y, la verdad, visto lo que había por la zona, fue un acierto. Está a unos 10' a pie de la playa.
Local con varios comedores bastante grandes. Lleno un martes a mediodía con varias mesas de grupos. Ambiente muy ruidoso. Sin lujos. Manteles y servilletas de tela. Vajilla correcta. Servicio correcto sin más. Carta bastante tradicional con predominio del pescado y el marisco. Las paellas hay que reservarlas con antelación. Carta de vinos cortita con referencias de gama más bien baja. Servicio consistente en apertura, prueba y primer llenado.
Almuerzo para cuatro. Empezamos con unos platos para picotear:
- Vieira - No la probé. Tenía buena pinta.

- Ostras - Buenas.

- Tartar de atún con alga wakame y sésamo - Una de las pocas concesiones a la comida de moda. Correcto.

- Sardinas ahumadas - Correctas.

- Tartar de salmón con guacamole - Cosas de mi hija...

Y como plato principal, una paella de marisco o, mejor dicho, un plato de marisco con algo de arroz. Pasable sin más.

De postre:
- Tarta de zanahoria con helado de vainilla - El color del helado ya daba mal rollo...

- Macedonia con chocolate - Versión triste de una fondue.

Para beber, varias botellas de agua, un par de refrescos, un par de cervezas, una botella de Cristina Calvache Jaén blanca 2023 con su cubitera para el picoteo, una botella de Cava Pere Ventura GR 2016 para la paella y un par de cafés.
No pagué yo. Por lo que puedo recordar, no resultó caro para lo que habíamos visto por la zona.
Terraza desangelada y sin servicio. Fácil aparcamiento. Ideal para ir con niños.
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