Masta merece la pena. Es la primera conclusión a la que llego y no debo ser el único porque es miércoles a la noche y se encuentra prácticamente lleno. Reune juventud , entusiasmo , algunas ideas, precios moderados y amabilidad, quién da más??. La cocina varía, está inquieta, en desarrollo, está en ebullición y en cambio constante.Los productos entran y entra de todo y con buen aspecto. Podríamos hablar de una cocina vasco navarra , más tradicional que moderna , pero con un toque o golpe personal que la distingue-. Se puede tomar una gilda de trucha, una kokotxa rebozada con una emulsión de ajo , un guiso de níscalos, ciervo con chirivía y trompetillas ( lo mejor de ese día) y muchas más cosas..Quieres probarlo todo y no dececpciona..todo lo contrario , hasta el último postre: una delicada y acertada panacota. La cocina es curiosa , más que sorprenderte , te anima a probar cosas.. Los precios moderadísimos con la posibilidad de catarlo todo a través de medias raciones . La carta de vinos apuesta por los naturales. No es amplia y es mejoarble, pero es su apuesta y no se pueden permitir grandes alardes, porque no se los piden. El servicio me encantó, sencillo , rápido , flexible y amable y muy joven..sin bobadas estereotipadas y estiradas...eso no vale aquí. Grata impresión , volveremos y la carta será diferente
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