El Bar Escocés, fundado en 1955, cerró hace unos meses y recientemente ha abierto de nuevo. No lo conocía, pero diría que era y es un lugar emblemático del barrio.
Con un amplio horario, sirven desayunos, comidas y cenas, cócteles, funcionando como bar todo el día y como restaurante mediodía y noche.
No es muy grande, con mesas pequeñas y poco separadas. Y un par de terrazas exteriores. También opción de barra más propia de pica-pica.
Mesas sin manteles, servicio amable, carta muy amplia y atractiva para satisfacer a una mayoría. Tuve dificultades para escoger los platos porque muchos eran deseables. Precios adecuados a la cantidad y calidad de los platos.
Ambiente ruidoso, informal, con presencia mayoritaria, diría, de personas del barrio. Recomiendo reservar las mesas del fondo porque las pocas que hay al lado de la barra son incómodas por el paso de la gente.
Reserva para cenar. Inicios con un par de ostras, un pelín saladas pero frescas y gustosas y una tortilla de bacalao, jugosa, excelente de calidad.
De segundo, compartido, una "interpretación del fricandó” buenísimo, presentado como albóndigas. Postres, un muy buen flan y una "desconstrucción de crema catalana" presentada como una espuma, normalita.
Opción de alargar la sobremesa con cócteles o copas.
A pesar de la incomodidad de la ubicación de la mesa, hay que decir que cenamos muy bien y que, seguro, volveremos.
Ideal como bar y comidas informales, pero de calidad y a buen precio.
Crema catalana
Flan
Fricandó
Tortilla de bacalao
Ostras
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