El Yantar es la unión empresarial de dos restaurantes, ambos sitos en la plaza principal de lo más alto (subida al castillo) de Requena. El primero de ellos, llamado Mesón de la Villa, dedicado a cocina clásica de la población basada en el producto y en buena mano en los fogones, y por otro lado, La Cocina de Pilar, dedicado a unas preparaciones y presentaciones más actualizadas. Ambos consiguen que siempre haya uno de los dos abierto entre semana y los fines de semana abren los dos para dar abasto a las reservas de foráneos que viene de visita. Esta situación y su teléfono único hacen que a veces haya quien cree haber reservado en un local y luego resulta que está reubicado en el otro.
En una esquina de la plaza principal del núcleo urbano antiguo, donde aún se puede aparcar si es que consigues llegar por las estrechas calles, abre sus puertas un local que bajo del suelo alberga una de las muchas cuevas que hay en la zona y que se dedicaban a guardar vino; la han rehabilitado de forma que tiene pequeños espacios con mesas altas donde se puede picotear o tomar copas en un curioso ambiente entre antiguas y grandes tinajas de barro. El comedor real es pequeño con unas pocas mesas a nivel de suelo y una amplia barra de servicio frontal a la entrada; me parece que unas escaleras junto a la barra llevan a una planta superior donde existe un comedor más amplio y cuadrado porque me preguntaron al reservar; imprescindible bajar la muy empinada escalera y conocer el sótano. Hay también una terraza exterior a cubierto pero impensable para el invierno, en verano y con solecito será otra cosa porque la plaza es muy bonita y mejoraría mucho sin coches.
Las mesas, de buen tamaño y peso con sillas cómodas, con mantel tipo sobremantel plastificado bastante práctico porque no se arruga al poner platos; copas de vino más que correctas, vasos cubiertos y vajilla sin interés. El servicio llevado solo por una persona es amable y eficaz, así como el ritmo de salida de platos aunque el comedor de planta baja estaba lleno (16-20 plazas). Presume de Solete Repsol aunque su compañero de enfrente tiene Recomendación Michelín bib gourmand.
La carta de vinos (código QR) tiene suficiente cantidad de vinos titnos de la zona, de hecho no recuerdo ninguno de otras DOs.; en blancos rosados y espumosos hay muchas menos opciones lo que vendrá impuesto por el tipo de cliente y comida que hay. Nos decantamos por la local uva bobal y por bodega Murviedro (también presente en la plaza) eligiendo Sericis Cepas Viejas 2020 (18€) de moderna elaboración y muy gustoso; hizo falta también un agua grande de Santolín. El servicio de vino consistió en presentación, descorche, cata y primer servicio de copas a buena temperatura.
Cuatro para comer en un día frío. No hay menú del día ni menú degustación, aquí vamos con una carta no muy amplia pero sí clásica cocina de platos caseros aunque con una terminación algo fusionada con otras cocinas (mucho ají, lima, salsa hoisin..) que aportan algo diferencial (¿contagio de su cocina hermana de enfrente?) sobre todo en los entrantes; en platos principales todo (salvo un bacalao) son para carnívoros (bien brasas bien plancha o guiso) especialmente seguidores de la raza porcina. Pedimos 2 entrantes a compartir al centro y aunque queríamos unos callos no habían así que los cambiamos por 2 entrantes compartidos más un principal individual y 3 postres compartidos:
. oreja a la plancha con salsa Meri y lima: buena ración, muy crujiente y buen punto de brasa. Notable alto.
. el desgarro del chef: consiste en verduras a la brasa con bacalao desmigado y AOVE; las verduras, carnosas y sabrosas, bien elaboradas sin excesos de paso por fuego y bien aliñadas; el bacalao no lo conseguimos ver aunque puede ser que alguno lo conociera sin darse cuenta, pero mucho no había.
. manetas de cerdo x 2: buena ración, bien elaboradas, algo bajas de punto de especias, buena salsa. Muy bien.
. gazpacho manchego: bien elaborado todo troceado, bien de especias con su punto presente de pimienta negra, la pasta bien cocida sin estar blandengue. Muy bien.
. carrilleras al vino: de buen tamaño, bien cocidas y referidas como más que buenas; acompañan unas patatas enteras complementarias.
. cremaet: no es un café cremaet sino que se trata de una deconstrucción hecha con crema de café, cumbre de almendra y nueces y gelatina de ron. Diferente opción.
. tarta de queso: buena elaboración como debe ser sin base de galleta triturada, buena ración pero ¡ojo! aquí hay queso de verdad, nada de un queso de leche fresca. A mí me gustó.
. la merienda de la abuela: cremoso de chocolate, tierra de aceite, croutons (picatostes de toda la vida) y sal Maldon: aquí hay profundidad de sabor a chocolate, potenciado por la sal, con texturas diferentes y con ración para compartir o apuntarse inmediatamente a la dieta intermitente. La abuela era de armas tomar si merendaba ésto todos los días. Recomendable pero hay que dejar sitio previamente o compartirlo al menos entre dos.
Una infusión y un carajillo nos hizo levantarnos los últimos del comedor porque ya cierran por descanso entre semana de 2 días y a nosotros nos quedan 45 minutos de carretera.
El comedor y la cocina no es muy diferente de otros sitios de la población pero su ubicación y la zona de la cueva le dan un plus extra que merece la visita.
Buena excursión que se puede complementar con una visita guiada posterior a bodegas Murviedro en la misma plaza, o como hicimos nosotros un taller y degustación de quesos, previa reserva, en Los Pedrones, en la quesería Hoyo de la Iglesia; muy recomendable y tiene buenos souvenirs para llevarse a casa como así hicimos.
oreja
desgarro
manetas
carrillera
gazpacho
vino
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