Ricardo Temiño , no es una estrella más , no es una estrella convencional, es una estrella de Burgos con Burgos. Su cocina trata de buscar las raíces de su tierra: la olla podrida, los cojonudos y las cojunudas, el lechazo, la trucha.. tiene personalidad y precisión y para ello no le importa incorporar cosas de fuera: bogavante , bacalao...El restaurante es alargado apenas ves al comensal contiguo , resulta cálido , acogedor, íntimo. Una mampara de cristal permite ver la cocina sin olores. El servicio impecable, atento y preciso. La atención al vino magnífica con una carta amplia con precios muy razonables que invitan a consumir. Me encanta eso de llegar , pedir el vino y que te permitan catarlo 5´antes de empezar a comer, parece simple pero en algunos restaurantes creen que estás pidiendo algo sobrenatural , inasumible. Aquí lo hicieron a la perfección , rápidos , con todo tipo de explicaciones y dejando los vinos en la mesa amplia y blanca como debe ser.. La cocina nos encantó y nos entretuvo. Una cocina moderna, de la tierra fundamentalmente y del río. Un cocina diferente , del cocinero para lo bueno y para lo no tan bueno que te hace pensar y sobre todo, disfrutar
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