Estaba esperando a una segunda visita para confirmar sensaciones de este restaurante abierto hace unos cuantos meses en el centro de Sabadell. Se describen como un restaurante familiar, con producto de temporada y aplicando técnicas innovadoras.
En cocina lidera el chef Ignasi Pérez Bru, ex Abac y Cinc Sentits, y formado en prácticas en templos como el Celler de Can Roca y Diverxo.
Reformaron una casa antigua de dos pisos, da la sensación de haber invertido bastante pasta, mantienen cierta rusticidad de la casa original (paredes y techos) e incorporan contemporaneidad en el interior, todo junto construye un ambiente agradable.
Servicio muy amable, volcado, explicando lo que haga falta, resolviendo dudas y sugiriendo, la carta especifica alérgenos, en el caso del gluten pueden adaptar el plato sustituyendo por otro ingrediente, cuando esto es posible, lo indican con un asterisco en la carta, me pareció un detalle muy bueno.
Vamos al lio, para empezar pedimos:
- Alcachofa confitada con butifarra del perol, huevo a baja temperatura y crema de ceps. La recomendación es mezclar todo y así lo hicimos, el resultado fantástico, todos los sabores empastando perfectamente.
- Capaccio de gamba roja de Palamós, muy curioso ya que llevaba una capa encima de quicos triturados que le aporta un crujiente inesperado, también aromas de lima, en nuestra opinión, otra mezcla exitosa.
Quise probar una croqueta de suquet de gamba de Palamós que me llamó mucho la atención en la carta, cumplió expectativas, espera un sabor de cierta intensidad y gamba, y eso es lo que encontré, al margen de la cremosidad que se le espera a una croqueta.
Segundos,
- Meloso de ternera con setas, demi-glace y crujiente de cerdo. Me llamó la atención lo del crujiente de cerdo, es un lingote de ternera desmenuzada y encima una tira de pies de cerdo crujiente, me gustan ambas cosas, por lo que disfruté del plato, sabor intenso y textura sutil y melosa, no acabo de entender la combinación con el crujiente de cerdo, pero es que las dos cosas estaban muy buenas.
- Costillas de cordero, este es una de esas adaptaciones a "no gluten", buen tamaño (ya nos advirtieron...), buena carne y sobre todo cocinadas con respeto, jugosas, venían con una tarrina de parmentier de patata con un toque ahumado ( o eso nos pareció) tan sorprendente como delicioso.
Respecto al vino, carta de espumosos, bancos y tintos, nos centramos en los tintos, con predominio de vinos de la tierra, muy interesantes, pedimos dos copas de Miloca cariñena, D.O. Montsant (4,75€/copa). Buenas copas.
Acabamos con un cortado (2€).
El restaurante llenó, lo que me alegra, porque espero que dure, ya que pensamos visitarlos bastantes más veces....
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