Antoni, enhorabuena por el comentario. La Pitanza siempre es una apuesta segura y aunque no vaya mucho últimamente siempre los tengo presentes. Un lugar en donde he comido y me he encontrado como en mi propia casa.
Saludos
Varios fueron los factores que hicieron que acabásemos cenando anoche en La Pitanza. No era nuestra primera opción, todo sea dicho, desde el respeto y la admiración hacia este restaurante. Pero lo cierto es que nos apetecía más descubrir algún local nuevo en el que todavía no hubiésemos estado y de éstos que tanto revuelo andan armando ahora por aquí: kiaora, mulandhara, suma, delicat… Pero todos ellos cerraban el domingo noche. Además disponíamos de un cheque “Smartbox: cena chic” que podíamos utilizar sólo en 4 o 5 locales de Valencia y, ciertamente, la Pitanza era garantía cuasi segura de satisfacción. Como digo, todo parecía estar predestinado.
Llegamos y nos dieron a elegir entre dos mesas: la una más cercana a la ventana pero al lado de una mesa de diez personas que se esperaba para un poco más tarde (buena advertencia) y la otra junto a la escalera donde hay mayor tránsito de clientes y servicio. Elegimos la primera opción pues tampoco es que nos moleste excesivamente el ruido. Se sumó durante la cena otra mesa de cuatro con apariencia de familia extranjera. El menú de la promoción es el mismo que ofrece el restaurante como menú nocturno: tres entrantes (todos ellos emplatados individualmente), plato principal a elegir (alguno de ellos con suplemento) y postre también a elegir. Comenzamos:
- Crema de boletus: aperitivo cortesía de la casa servido en vaso bajo de cristal (tipo chupito pero de mayor capacidad) que nos vino de categoría para entrar en calor en una noche, si bien no fría, sí ventosa a más no poder (como todo este invierno). Muy gustosa.
- Tomate valenciano con ventresca de bonito: tomate de tamaño mediano y forma perfectamente esférica pelado y con un relleno de bonito en conserva, alcaparras y una mayonesa mus suave. Buen conjunto con predominancia del sabor de las tápenas (¡ojo a quien no le gusten!).
- Sopa de maíz con foie glaseado y arena de quicos: Parece ser un clásico de la casa por lo que se lee en pasados comentarios. A mí todavía no me lo habían sacado. Esperaba una presentación tipo crema, pero realmente es un sopa bastante líquida pero muy sabrosa. Íbamos a mezclar todos los ingredientes para degustar este plato y la sugerencia del servicio efectivamente fue esa. Todos y cada uno de ellos se complementan a la perfección dando como resultado un plato redondo.
- Pimiento del piquillo relleno de carne de ciervo: Correcto sin más.
- Como segundos pedimos bacalao gratinado con allioli y carrilleras de ternera estofadas. Ambos platos nos gustaron mucho: el bacalao en su punto de sal, óptimo, y con la delicia que siempre supone el allioli casero gratinado al horno. Las carrilleras tiernas, se deshacían sin necesidad del cuchillo y la salsa del estofado muy rica. Raciones generosas.
- De postres elegimos la torrija con helado de canela (nunca me canso de esta recurrida pero grandísima combinación) y tarta de queso que estaba bastante buena.
Para beber tomamos agua y nos decantamos por un vino variedad mencía que desconocía: el Casar de Burbia, del Bierzo, lógicamente. Estaba bueno, si bien no tanto como otros bierzos ya consagrados (o más comerciales, según se vea) de precio similar o un poco más alto.
El servicio estuvo correcto en cuanto a la atención, explicaciones del menú, del vino, tiempo de espera entre los platos, rellenado de copas cuando se acercaban a traer los platos… Pero ciertamente se echa en falta la cercanía y el trato campechano de Joan, el anterior “jefe” de sala (seguro que a él le haría gracia eso de “jefe”). Dos detalles a mejorar EMHO son la presentación de la carta de vinos (sólo se entregan unos folios fotocopiados) y el pan que, sin estar malo, ni mucho menos, tampoco era de esos que perduran en la memoria un tiempo. Sí es cierto que se ha mejorado la decoración y aspecto del WC que, aunque un poco falto de luz, ya resulta más acorde al nivel del comedor y del restaurante en general.
No puntúo la RCP porque desconozco el precio de la promoción (aunque sé que está en la red y puedo mirarlo, me da pereza). Las aguas contaron como bebidas incluidas en el menú, así que sólo pagamos el vino y un café. Tuvieron el detalle de no cobrarnos el suplemento que nos habían anunciado para el bacalao, pero, por contrapartida, se cobró 1,50 € por el servicio de pan (suficientemente se ha debatido este tema en el foro de recetas, gastronomía y restaurantes).
La visión global del restaurante, ahora que ya conozco la opción de cena, es que, para mi gusto (muy personal), lo prefiero a mediodía. Los arroces degustados, aquel gazpacho manchego memorable… me decantan hacía la opción de almuerzo/comida, pero insisto que ello solo responde a unas circunstancias especiales y muy personales.
Antoni, enhorabuena por el comentario. La Pitanza siempre es una apuesta segura y aunque no vaya mucho últimamente siempre los tengo presentes. Un lugar en donde he comido y me he encontrado como en mi propia casa.
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