Hacía tiempo que no disfrutaba tanto de una comida fuera de casa. Desde el momento en que cruzas la puerta, te das cuenta de que en este restaurante saben perfectamente lo que hacen.
La Carta: Producto de primera. Lo primero que destaca es su estupenda carta. No es de esos menús interminables donde te pierdes, sino una selección muy cuidada de platos que priorizan la calidad de la materia prima. Se nota que hay un respeto profundo por el producto; probamos tanto los entrantes como los platos principales y en cada bocado se percibía la frescura y el mimo en la elaboración. Es una cocina con identidad, honesta y llena de sabor.
Uno de los puntos que más valoro es la coherencia entre lo que pagas y lo que recibes. En este caso, los precios están totalmente acordes al producto ofrecido. No es un sitio "barato", pero es que la calidad se paga, y aquí sales con la sensación de que cada euro ha valido la pena. Es el lugar perfecto para quienes buscan comer bien sin sentir que están pagando un sobrecoste injustificado por el "postureo".
Servicio de diez pero, sin duda, lo que termina de redondear la experiencia es su estupendo servicio. El personal es profesional, atento y, sobre todo, muy amable. Saben recomendarte el vino ideal para maridar la comida y están pendientes de que no te falte nada sin resultar invasivos en ningún momento. Ese equilibrio es difícil de encontrar y aquí lo bordan. En resumen: Un sitio al que pienso volver muy pronto. Si buscas una buena mesa, un ambiente agradable y un trato de diez, no lo dudes. ¡Totalmente recomendado!
Lemon Pie
Paella
Croquetas de jamón
Sepia
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