Buscando algo distinto y no conocido en Vitoria , llegamos a este restaurante de dos años de vida y con vocación asiática sin perder de vista otras cocinas. En mi opinión , su cocina tiene potencial, pero necesita atemperarse , integrarse y no repetir salsas , ingredientes y picantes en las secuencias complejas de cada plato. No es una cocina cualquiera , apuestan por la elaboración incesante , en ocasiones algo excesiva y saturante , difuminando a veces el producto , pero personalidad y diferencia tiene. Tomamos un menú largo de 90 euros, con unos aperitivos y entrantes de altura y unos segundos algo más mediocres y sobrecargados de aditivos . El producto de diluye en ocasiones , con los jalapeños, picantes y cítricos. Sala pequeña, pero con cierta elegancia , acogedora. Buena carta de vinos , no amplia , pero más que suficiente, a precios que te permiten elegir y con un servicio que quiere aportar exclusividad. Buena impresión, espero que se pacifique un poco y mejorará, sin duda.
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