Magnífico trabajo el realizado por los responsables de este lugar, el edificio es precioso, la arquitectura y la decoración intachable. Se trata de un antiguo convento que ahora es una hospedería, que posee hotel y restaurante.
Comida basada en los productos de la tierra, con toques creativos. La carta de vinos es un poco cortita, compuesta por vinos extremeños y algunos de otras zonas, pero con cosas un tanto especiales. Las copas son correctas, pero podrían ser mejores. El precio por persona 30-40€.
Un lugar especial, para disfrutar. Comimos en el comedor, pero vi la terraza (un antiguo claustro encalado) y para cenar debe ser realmente especial.
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