La visita fue atípica porque acudimos a una cena con menú y precio cerrado, incluida la actuación de un excelente trío de jazz, liderado por el teclista valenciano Ricardo Belda, y acompañado magníficamente por una voz solista española y un contrabajo estadounidense, de los que, perdón, no recuerdo el nombre.
Pues como no pudimos elegir, nos sirvieron unos hojaldres de morcilla y una crema de garbanzos como aperitivo-entrantes. De primero, dos huevos pochados con una crema de setas finísima que generaban una sabrosa combinación. Los segundos fueron -a elegir- una dorada hojaldrada y una carrillera de ternera. En ambos casos, excelentes. El postre, un original helado de turrón, recubierto de una lámina de chocolate y aderezado con nueces y una fruta tropical, como un tomate cherry, de color naranja de la que ya no me acuerdo el nombre. Cafés y copa. En mi caso, un moscatel afrutado y con temperatura perfecta.
El vino para toda la cena fue un Alidis, de Ribera del Duero. Nada especial, pero correcto para acompañar el conjunto de la cena.
El servicio de la sala, impecable.
Y mientras escuchando jazz en directo. Una gozada.
La velada, a 60 euros por persona.
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