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Can Ravell

Un clásico. Nada más entrar se inhala su encanto decadente, gracias a sus cientos de latas, botellas y productos alineados en sus estantes, así como un mostrador repleto de todas las maravillas propias de un ultramarinos con solera. Basta con eso para sentirse a gusto y simplemente dejarse llevar. Su hamburguesa es el reclamo estrella que atrae a gran parte de una reducida clientela, a la que se despacha en dos mesas milagrosamente encajadas entre tanto surtido. En aquel rincón pudimos disfrutar de su propuesta, servida sobre plato caliente, al estilo del Casa Palet. O más bien viceversa. Porque aunque en Can Ravell fueron los primeros en servir la hamburguesa de esta manera, a nosotros nos gustó más la del “discípulo”. En todo caso la suya tampoco decepciona. 500 gramos al punto sobre plato untado con tocino (las preparan hasta de 2 kilos), acompañada de patatas, ensalada y mostaza, resultó de nuevo un bocado tan contundente que estrecho margen nos dejó para mayores incursiones en su carta. Pero unos deliciosos Tomates confitados con ficoide glacial y media ración de magistral Arroz con butifarra negra, garbanzos y huevo poché fueron motivos de peso para tenerle ganas a una segunda visita.

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