Ya me gustaría tener en Bilbao un wine bar de esta categoría. Su dueño, Kwang Pyo, es un enamorado del vino que dejó su profesión para convertirse en una de las referencias coreanas del mundo del vino. En su elegante establecimiento se pueden degustar todo tipo de vinos, desde los grandes Crus bordeleses hasta otros más accesibles. La comida es sencilla pero de buena calidad, usa copas riedel y una atmósfera agradable. Es un placer ver cómo el gusto por el vino empieza a crecer en todo el mundo. Imprescindible visitar si se va a Seúl
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