Hay cosas que uno recuerda toda la vida. La casa del Abad, el Qüenco de Pepa, la Castela, aquel concierto de Schumann tocado por un cipollini de sesenta y mucho, aquel Richter que tocaba Prokofieff con 81 años, y otras cosas, como este menú degustación de la Mazuela, para mi cima del paladar. Sin timideces.
Utilizamos cookies propias y de terceros con finalidades analíticas y para mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias a partir de tus hábitos de navegación y tu perfil. Puedes configurar o rechazar las cookies haciendo click en “Personalizar”. También puedes aceptar todas las cookies pulsando el botón “Aceptar”. Para más información puedes visitar nuestra Ver política de cookies.