Tanto la visita a este histórico pueblo como la comida en el parador, sin duda merece la pena. Se trata de una cocina regional bastante cuidada y de buenas raciones en un ala del castillo con la magia que ello supone. Buena decoración, personal atento y vestido adecuadamente, acorde con el entorno y decoración. Copas decentes y buena vajilla.
Una vez tomados nota y durante la espera, nos trajeron una bandejita con choricitos de orza junto a un poquito de ensalada fría de arroz, nada especial. Nos encantó las menestras con jamón ibérico a la que le siguieron un aceptable cochinillo, lejos de los asados segovianos o burgaleses, y un entrecot hecho dados con salsa de roquefort acompañados de pimientos de padrón que estaba bueno y en su punto. en cuanto a postres, riquísimo el helado de queso con miel de la Alcarria y carne de membrillo y también una tarta de tres chocolates que aunque buena, resultaba un tanto pesada.
Una cestita con tres tipos de pan y dos tipos de rosquilleta, agua, y un Mano a Mano 2007 (14 €) completaron la mesa. Carta de vinos corta pero bien explicada en cuanto a que adjunta notas de cata y comentarios amenos. Los casi 2 € y lo discreto (flojo) del café hace que la próxima vez lo tome en otro sitio.
Tienen menú para niños.
Como decía al principio, buena cocina regional, es decir, sencilla y bien tratada.
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