Conozco el restaurante desde hace más de 35 años, y he ido en numerosas ocasiones, si bien lo tenía olvidado desde hace al menos 10 años.
Mantiene la misma estructura que en sus inicios, comida tradicional valenciana, sin experimentos, acertada y sabrosa, al estilo de La Pepica (de peor resultado), es decir salones grandes y masivos, con cocina visible y orgullosa.
Tampoco he recorrido su carta, siempre he solicitado lo mismo, paella valenciana, fideuá, clóchinas y gambas al ajillo, todo ello con un resultado aceptable.
La decoración de las salas están desfasadas, pero el servicio es numeroso y voluntarioso.
Tiene un parque para niños, incentivo importante.
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