El restaurante está situado en una esquina del Gran Hotel, en pleno centro, a un paseo del Pilar.
La decoración es clásica pero sin estar recargada. Sitio elegante pero no imprescindible chaqueta y corbata. El trato es cordial y correcto. Solo hay unas 10 mesas, o sea, como máximo pueden caber unos 75 comensales.
Elegimos el menú degustación (hay dos, uno más ligero y el otro de carne quizás mejor para la comida). Elegimos el ligero por ser cena (36 € frente a los 55 €).
Todo estaba correcto. Para mi gusto el falso risotto algo demasiado cocido. Pero estaba a la espera del arroz caldoso de pescado y marisco con espárragos. Una verdadera delicia, de los mejores arroces. Y abundante. Lo mismo que la otra opción del menú de carne de ternasco, bien presentada.
El postre algo escaso pero rico.
La carta de vinos bien surtida y a unos precios razonables. No hay maridaje de vinos.
Probamos un Pirineos Gewurtztraminer excelente.
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