restaurante con cocina de autor sin estridencias.
dispone de barra para tapeo con taburetes y bajando unas escaleras de zona de mesas.
decoración y estructura de local correcta. algo ruidoso, quizás un hilo musical permitiría matizar.
carta no especialmente larga pero con platos interesantes y muy elaborados.
calidad, cantidad y técnica, todo con buen nivel y un equilibrio que le da una solidez potente.
copas riedel con mantelería sencilla y loza variada.
desconozco la veteranía, pero hay mucha juventud en el proyecto y hay matices que se les escapan.
la velocidad y el ritmo de la comida, desde que te sientas hasta los postres, es algo a trompicones, sin fluidez.
añadir que la tensión entre la jefa de sala y los camareros se transmite, ella va como alma que persigue el diablo y ellos como buscando la señal que marca el camino, con lo que se dibuja un cierto desequilibrio que no suma nada.
cuando la jefa consiguió relajarse/soltarse un poco (hacia el final de la noche cuando se encara el cierre), el servicio se redondeaba al alza.
un lugar interesante para seguir y ver cómo evoluciona.
tienen una RCP buena, tirando a muy buena.
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