Fuimos a este restaurante hace más de un año, y tenía pendiente una reseña. Cada cierto tiempo voy con mis padres a Madrid en escapadas cortas y esta vez mi padre se empeñó en probar aquellos "huevos estrellados" sobre los que habíamos leído más de una vez. En las guías gastronómicas aparecía como valor seguro; en verema, como un fiasco en gran parte de los comentarios. Ahora sé de quién fiarme ;)
Llegamos y había un par de fotógrafos en la puerta: mala señal. No teníamos ni idea del carácter "social" del sitio, así que nos sorprendió bastante. Entramos: mesas incómodas, sillas incómodas, apretados. Copas, como leí por aquí, "de la abuela" (¡pero de una de hace 30 años!) "Servicio" del vino inexistente. Carta de vinos anodina y con referencias "de siempre". Pedimos alcachofas, guisantes, jamón y huevos. Las alcachofas y los guisantes, correctos, aunque algo aceitosos. El jamón, creo que valía 21 euros, ponía "ibérico", pero no había visto una bellota en su vida. Mal cortado, grueso, tierno. El jamón de Teruel que compro habitualmente le da mil patadas.
Esperamos que todo se solucione con los huevos, y cuál es nuestra sorpresa cuando nos sirven tres fuentes (de tamaño contenido) con patatas medio crudas y un caldo amarillento (pero no mucho) con trocitos de clara. El sabor, más que vulgar, la ejecución pésima, y la presentación más que reprochable. Y a 12 euros el platito. Otros platos en la carta, una merluza cuyo aspecto parecía de restaurante franquiciado de Universidad, a 30 euros.
De postre, ni lo recuerdo, porque el enfado iba en aumento...
Al salir estaba Isabel Preysler y algún famosillo más (por las pintas y el trato), lo cual no hace más que confirmarme su mal gusto gastronómico.
Ni tan siquiera es uno de esos sitios que dirías "Para ir y probarlo, y ya está". Es para no ir nunca y gastarse los 40-50 euros de una cena escasa y vulgar en cualquier bar de tapeo de la capital, que hay muchos, y buenos.
Jajaja, la verdad que supongo que, aparte de que sus huevos estrellados no tendrían nada que ver con los míos, no comería demasiado, porque todo lo que hay en Lucio es contundente (aunque sea vulgar). Pero vamos, que si yo tuviera su dinero, anda que no iba a ir a sitios antes que a Lucio!
Bueno, parece que Lucio y Preysler dan que hablar ;)
Sobre los huevos, Jeronimo, quiero pensar que, aunque el sitio es decepcionante, tuvieron un mal día (aunque era martes); en caso contrario, no entiendo la fama de un local que ha conseguido ofrecerme los peores huevos rotos que he probado jamás (y no, no exagero, aunque es cierto que no los como cada semana).
Y gracias por el apunte de Moaña, la próxima vez igual me paso a probar cosas nuevas ;)
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