Local muy reciente, recién reformado, con una decoración buscando el clasicismo que mezcla estilos aburguesados, buena vajilla (blanca) y cubertería en continuo cambio entre platos y copas mas que aceptables. Un numeroso equipo de sala muy joven y voluntarioso que no llega a resultar empalagoso (tal vez lo mejor del establecimiento). Cocina con recetas mas bien clásicas con grandes altibajos: el rollito de foie con trufa negra (que no se encontraba) llegó helado de la nevera, la ostra con cítricos y las vieiras marinadas ricas (sin epatar) y los lomos de salmonetes acompañados de una guarnición ("empanada deconstrucción) un tanto extraña. Carta de vinos de suficiente variedad en tintos, algo escasa en blancos, de nuevo sin añadas, a precios aceptables (Waltraud a 17,20 €),ofrecen decantadores. Algo caro: unos 40 €/persona con sólo 1 plato fuerte para compartir entre 2, en la zona hay mejores opciones.
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