Moderno restaurante Jazz de la capital bulgara. Muy bien ambientado. Como os podeis imaginar toda la decoración gira en torno al muro de Berlín. Comida tradicional con guiños modernos. Mi menú fue el siguiente: tabla de quesos búlgaros y pollo marinado con crema de yoghurt y pimientos. Bastante bueno y en raciones abundantes. Trato muy amable. La carta de vinos es amplia, con bastantes referencias de vinos bulgaros y algunas referencias extranjeras, incluyendo algún rioja y sorprendentemente tres generosos andaluces por copas. Servido el vino en copas correctas y con buen servicio.
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