La satisfacción que recibes de un restaurante está directamente viculada a tus expectativas y a una mentalidad abierta que te permita disfrutar de experiencias un tanto sorprendentes. Desde mi punto de vista el Florentina tiene esta singularidad.
Efectivamente el lugar no tiene ningún encanto especial: también ahí creo que está parte de su gracia.
Donde alguien ve una carta caótica, yo la veo ecléctica. En ella hay platos del Quijote (Duelos y quebrantos). Además, a partir de tu segunda visita (yo he ido tres veces), ya sabes que no te debes fijar demasiado en ella ya que Paco va a multiplicar por tres la oferta de viva voz.
Paco es otra de las singularidades del restaurante: inteligente y socarrón. Aconseja bien y habla lo justo.
Sobre la comida: puen producto y bien elaborado. De mis visitas, recuerdo unas cigalas buenísimas, unas sepias encebolladas, un salteado de setas, un atún. Pero "mi" plato del Florentina son sus callos. No son a la madrileña, más bien me recuerdan a los que he comido en Italia (con queso incluído). Sólo recordarlos me emociono. Sólo por ellos vale la pena la visita.
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