Hacía tiempo que no iba y no me decidía porque la única vez que estuve salí con la sensación de que no tenía una relación calidad/precio adecuada y porque ese tipo de cocina (tapas pero "finas") no merecía degustarse en un local tan lleno, incómodo, ruidoso y lleno de humo. En esta ocasión volví en grupo y salí encantado, pagando 60€ pero a gusto. No hubo ningún altibajo, perfecto de principio al fin: jamón, bravas, langostino a la sal, salmorejo con cangrejo real, foie con manzana caramelizada, berberechos con alcachofas, colmenillas con crema de foie, canelón de ceps y ternera de Nebraska. Todo ello acompañado de Perro Verde, Belondrade y Lurton, y Abadal 3.9. Bombones y Juvé y Camps Millesime por cuenta de la casa. Servicio muy agradable y profesional y ritmo de platos perfecto. Disfruté mucho, que es de lo que se trata. El único pero, el mismo de siempre: ruido, estrechez y humo, aunque esta vez mucho más soportable.
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