Primeramente tuvieron la amabilidad de cambiar un postre por un entrante de otro menú (tomamos el 5 sentidos)cosa que se agradece. El aperitivo de la casa estuvo quizá un poco insulso, pero la cena fue ganando con cada plato. El sancocho de ave estuvo correcto con un poso final que dejaba buen gusto. El trigo sarraceno realmente interesante con texturas que se retorcían en el paladar. El gallo con cebolla muy rico. El buey Wagyu simplemente delicioso. Los engranajes como postre, simplemente espectacular, de hipo. Lo de cada plato con un pan diferente muy culinario. Para cerrar el círculo la ginebrita que decía mucho más que el aperitivo.
La presentación de los platos fue "sencilla a la par que elegante" como se suele decir, no recargada y con gusto. El vino que pedimos barato y bueno.
Es un restaurante agradable (aunque con demasiados tonos naranja) y el servicio fue agradable y profesional.
Se puede pedir algo más por ese precio? !No¡ Cuando cambien de carta, volveremos. Enhorabuena
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