De nuevo en este buen local de cocina creativa, en un dia, lunes, poco habitual de salir a comer y eso se nota en que eramos solo dos mesas. El llegar pronto, me permitió conocer al único que protesta en la cocina: Mik que con sus 9 meses ya está desarrollando su pituitaria a la espera de desarrollar las papilas gustativas.
Local sin cambios en lo referido al mismo. Atención muy buena, como siempre, con los snacks conocidos (el de algas sigue siendo mi preferido) para ir haciendo boca mientras llegar los demás comensales que al final fuimos 7 y nos quedamos en la mesa redonda, un poco juntos pero la verdad es que merece la pena porque permite más animada conversación. Nos fuimos al menú largo de 7 platos ya que en caso contrario (5 platos) te perderías la casa de los caramelos (ademas de tallarines) y solo por las fotos y caras de sorpresa de los comensales en la primera entrada, merece la pena.
Empezamos aligerando la espera con alguna cerveza de barril, una copa de cava nº 1 y un blanco Bourgogne Aligoté muy seco con fuerte acidez a pesar de ser 2008. Calculamos que la cosa daría para 3 vinos, a si que decidimos empezar por un blanco Julien Pilon millésime 2011 de viognier más interesante que el anterior.
Entramos con la casa de los caramelos ya descrita en otros comentarios y que su espectáculo de puesta en escena recuerda la base del local; yo destacaría el bombon final de queso (tiene que ser final obligatorio porque luego no sabrían a nada los otros) que más que bombon es una bomba que te inunda toda la boca.
Primera entrada: berenjena, yema encurtida, bonito, huevas de maruca y espárragos blancos todo ello servido en un plato delgado y alargado que viene un poco ajustado para meter la cucharilla y recoger todos los ingredientes a la vez.
Seguimos con tallarines caseros de remolacha con espuma de hinojo, anguila ahumada y gazpacho de manzana verde. Los tallarines eran de un color vinoso superatractivo, bien de sabor y rematados por un pensamiento que hacía una paleta de colores de gran estética.
Granizado de gin tonic para pasar página y aprovechamos para cambiar de vino. Nos vamos a tinto y optamos por una bobal del terreno: Cerrogallina 2010 que resultó demasiado joven de lo que recordaba.
Seguimos con un el plato que más me gustó: degustación de arroz de puntillas con mahonesa de lima muy bien presentado, meloso, sabroso.
Además en la estética el emplatado era como después de la explosión del big bang.
A continuación solomillo ibérico con puré de gorgonzola y espuma de chistorra bien integrados los ingredientes y manteniendo sabores potentes sin pisarse. Estéticamente está en un nivel inferior. Hubo que recurrir a algunas botellas de agua para ir empujando.
Acabado el vino casi con prisas por llegar a otra opcion que fué un Alto Moncayo 2009 más en su punto. Ya, algunos, nos negabamos a repetir de pan porque aún queda mucho por delante.
Vino bien esta garnacha al cochinillo en su jugo y con hortalizas que estaba muy sabroso y bastante crujiente la piel. Mejor la estética que la del solomillo.
Llegamos ya justitos al postre de fruta de la pasion, yogurt ácido, dulce de leche y galleta, pero merece la pena; ese punto de acidez con el dulzor está muy bien conseguido.
Cafés con los petit fours en versión tenderete para una galleta que sirve de excusa para el tenderete que mantiene su gracia. Nos animamos a acompañarlo (algunos) con un vino dulce: Jorge Ordoñez nº 2 que pude compartir para que la gente lo disfrute y, por que no, se acostumbre a que el postre dulce también tiene su compañía en el vino.
Es un placer llevar a gente nueva que le encanta además de la comida, las atrevidas presentaciones sobre todo inicial y final, marca de la casa. A mí me ha parecido ver una buena evolución, aunque menos arriesgada en la estética (puro, cava de gazpacho..), pero mayor en los platos centrales. Ha perdido un poco de espectáculo pero ha ganado en equilibrio del menú como conjunto, lo cual gustará más a unos y menos a otros.
No sé si por aquello de ser lunes, pero hubiera puesto un pescado en lugar de repetir carne y pese a que me cuesta quitar el gorgonzola cambiaría el solomillo por algo de pescado para un mayor equilibrio del menú, como simple sugerencia.