Salón agradable con mesas correctamente vestidas y separadas. El servicio de sala como el del mismo cocinero (que a veces también sirve) es muy atento y tiene ganas de agradar. Tomamos el menú degustación largo (hay 3 y no hay carta) que empezó con una terrinita con un trocito de ciervo y foie, una cremita (todo era chiquitín) de jamón con puerros y setas, luego una especie de patatas chip que rajaditas por el medio llevaban una sardinita intercalada, un calamar al baño maria relleno de carne con gamba, arroz y una salsa tailandesa, sopita de tomate con espuma de queso de cabra y lomo en trocitos, un granizadito de gintonic (espectacular), lubina con arroz y salsa de mantequilla con ene. Y teminamos con Carrillera de ternera (esta me gusto menos). Correcta carta de vinos, decantación, envinado y servicio a copa. De beber un 8 cuerdas para dos, cafés y dos copas, 120 euro, correcto.
Solo apuntaría por si los dueños leen esto que, a mi parecer, ponen demasiados ingredientes en cada plato, no quedando a veces claramente definido lo que comes ni sus sabores. Creo que el siguiente paso de este interesante restaurante, debe ir hacia una elaboración mas diáfana. Volveremos.
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