Hacía tiempo que no visitaba La Salita y tenía ganas de ver cómo había evolucionado. La primera vez que los visité acababan de empezar y prometían, algunos fallos en el servicio, pero se presagiaba un enorme talento. Tiempo después volví y comprobé que la cosa iba a mejor, pero esta última visita ratifica mis anteriores impresiones.
Cocina elaborada con claras pinceladas de autor, buen uso de las materias primas, de las salsas, la arquitectura del plato y la combinación de todos los elementos que componen cada uno de ellos. Destacaría el huevo cocido a baja temperatura con rabo de toro y la vieira con polenta trufada, y revisaría los puntos de cocción del bacalao.
Me gusta la imaginación con que se crean y trabajan los platos y el toque mediterráneo que destilan.
Carta de vinos con una buena representación de referencias internacionales y nacionales, copas correctas y servicio atento y bien servido en cada momento.
El que la cocina esté abierta al comedor lo encuentro un punto positivo, me encanta ver cómo se cocina, prepara y emplata. Esto, unido al sistema de extracción, que evita que los olores llegan a la cuidada y cómoda sala, con buena separación entre mesas, hacen de este local un lugar donde sentirte cómodo, con cierta intimidad y permite un total disfrute de la velada.
Mi más sincera enhorabuena a todo el equipo de La Salita.
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