Restaurante de cocina panasiática situado muy cerca de la catedral de Viena. Precios comedidos para lo que son los restaurantes de moda en la capital. Buen sushi y platos al wok. Agradable atención (el camarero era italiano, eso sí). No puedo comentaros la carta de vinos. Tiene dos pisos, y el segundo ofrece unas agradables vistas a la plaza. Silencioso, como casi todo en Viena.
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